sábado, 12 de mayo de 2012

El Fauvismo. El color ante las formas...

Estimados lectores.
Maurice de Vlaminck
El Fauvismo o Fovismo, (en francés fauvisme) también conocido como expresionismo francés, surge en 1905 durante la celebración del Salón de Otoño de París. Fue un movimiento pictórico de escasa duración cuya vigencia abarcó apenas cuatro años, entre 1904-1908 aproximadamente. El término Fauvismo le es atribuido al famoso crítico francés, Louis Vauxcelles (1870 – 1943) cuando al contemplar una exposición organizada en ese salón de otoño comentó en tono sarcástico, “Donatello entre las fieras” (Fauves en francés) haciendo alusión al contraste que existía entre una escultura de línea clásica, frente a unas obras de violento cromatismo realizada por un miembro de este grupo. A partir de entonces, el grupo de pintores que participaban en la muestra, se les denominó como “los Fauvistas”, en un sentido irónico cuasi peyorativo en sus inicios, pero que a pesar de su “singular” comienzo fue asumido por el público muy rápidamente y luego con posterioridad introducido en la historia del arte, sin connotaciones despectivas.

Henri Matisse
 A pesar de no ser este un movimiento conscientemente definido, como ocurrió luego con otros donde sus miembros se unían en marcadas intenciones y objetivos que luego eran recogidos en singulares manifiestos, El Fauvismo, es considerado el primer movimiento artístico de las vanguardias del siglo XX en el que cada pintor acomete su visión de la obra como una experiencia personal, cargada de espontaneidad, frescura y exuberante color. El movimiento tiene como principal figura, al pintor, escultor, dibujante, grabador y diseñador  francés, Henri Matisse (1869 – 1954) aunque aparecen también como otras figuras destacadas del movimiento los artistas: Maurice de Vlaminck (1876 – 1958) pintor (principalmente de bodegones y paisajes), André Derain (1880 – 1954) pintor, ilustrador y diseñador escenográfico, Raoul Dufy (1877 – 1953) pintor, artista gráfico y diseñador textil, Albert Marquet (1875 – 1947) pintor y dibujante y por último el pintor holandés Kees Van Dongen (1877 – 1968) que más tarde y por un breve período de tiempo, formó parte del grupo de artistas que integraban el grupo Die Brücke (el puente) precursor del movimiento expresionista alemán.

Henri Matisse
 Es oportuno mencionar que algunos de los más representativos artistas del movimiento Fauvista, entre los que se encuentran el propio Henri Matisse y Albert Marquet, fueron alumnos del también pintor Gustave Moreau  (1826 – 1898) precursor del simbolismo y seguidor de la tradición romántica de Eugène Delacroix, cuando éste era profesor de la escuela de Bellas Artes de París desde 1891 hasta su muerte. Pero fue la iconografía de los post-impresionistas, la que influenció definitivamente al grupo de los Fauves. De Gauguin toman la separación “tema – color” y los grandes arabescos cromáticos. De Van Gogh, la vibración de los colores, la emoción expresiva y la exaltación de la materia provocada por las pinceladas. De Cezanne, la construcción geométrica del cuadro a partir de la relación tonal y la paulatina perdida de las profundidades. De los puntillistas, como George Seurat (1859 – 1891) y Paul Signac (1863 – 1935), la distribución organizada de un espacio manifestada a partir de pequeñas pinceladas que completan la tela, como si de un mosaico se tratase.

La exaltación del color como principal recurso expresivo de la obra, anteponiéndose a la fidelidad descriptiva de las formas de los objetos, será sin duda, el fundamento conceptual de las obras Fauvistas. Estos acusan a los Impresionistas de preocuparse solo de las cualidades luminosas y de no atender a la expresión interna. Para los Fauvistas, los Impresionistas solo reflejaban las “impresiones exteriores” mientras que ellos, hacían de la obra un escenario donde lo emocional y lo íntimo, la dotaba de un mayor temperamento y fuerza expresiva.

Sin embrago los géneros del retrato y el paisaje, abordados también por el Impresionismo, son retomados por los Fauvistas, pero con un sentido más vivas  del color; rostros naranjas con fuertes contrastes de colores complementarios, bigotes azules, arboles rojos, cabelleras violetas y ríos de aguas amarillas, son expuesto ante nuestros ojos, junto a otros motivos, como si de un calidoscopio de arcoíris se tratara. El color era la esencia y el “leít motivs” de los Fauvistas y los colores primarios por vez primera se exponen con la plenitud de sus vibrantes mezclas.
La dualidad objeto – color como factor de identidad o representación fiel de la realidad común, se había roto, ahora con las obras fauvistas quedaba el objeto identificable en su forma o naturaleza exterior, pero su color cambiará para adquirir un significado y una independencia propia, supeditada al mundo íntimo, emocional y expresivo que le impregna el propio pintor.
Andre Derain
 Los Fauvistas no buscan la copia o imitación de la realidad – “al mirar un cuadro hay que olvidar lo que representa”, decía Matisse –  sino que pretenden dar una expresión más “verdadera” al lienzo con el color como instrumento de expresión sensorial y también emocional, pero que cuida en todo momento de la belleza cromática para con ella transmitir una sensación de complacencia visual, atribuyéndole al color el total protagonismo dentro de las obras, por encima incluso de las formas de los objetos. Henri Matisse es el artista más influyente de este grupo, su arte y sus ideas serán referencias constantes en pintores coetáneos y posteriores.
 
Henri Matisse
 Si para Picasso el arte es un medio afilado de agredir la conciencia del espectador, para Matisse, por el contrario, el arte tiene que evadir de sus problemas a los que lo contemplan y en este sentido decía… “sueño con un arte equilibrado, puro, apacible, cuyo tema no sea inquietante ni turbador, que llegue a todo trabajador intelectual, tanto al hombre de negocios como al artista, que sirva como calmante cerebral, algo semejante a un buen sillón que le descanse de las fatigas físicas”. (Henri Matisse: La Grande Revue, 25 de diciembre de 1908. (Citado por Jean Cassou; Panorama de las artes plásticas contemporáneas. Guadarrama. Madrid, 1961). Como ya hemos señalado con anterioridad, los temas abordados en las pinturas fauvistas, se basaban en los retratos, los desnudos y los paisajes tanto rurales como urbanos que nos reflejan una vida simple y feliz llena de tranquilidad y belleza. En muy raras ocasiones hemos visto ejemplos de obras que se hacían eco de una crítica social, política y/o artística.
Como conclusión podemos decir, que los Fauvistas atribuyen al color el recurso ideal para expresar sentimientos y emociones, por lo que no les interesa rendirse a una representación naturalista de las cosas, sino a realzar el valor del color en sí mismo. En sus obras se rechazan los tonos naturalistas, menos luminosos y agrisados, dando exclusivo protagonismo a los colores primarios y a aquellas mezclas luminosas, para crear así un mayor énfasis expresivo en el cromatismo de las atmósferas de sus obras; tonos que hábilmente armonizan con dinámicas y vigorosas pinceladas gruesas, provocando sobre la superficie de los soportes de las obras, una atractiva y elegante texturación. En la mayoría de los cuadros de este movimiento, las figuras se muestran planas ante nuestros ojos, bien por la poca importancia que se le concede al claro oscuro; haciendo de la escena un todo muy luminoso, o por el marcado uso de la línea de contorno que recorta a las formas y las encierra, creando un cierto divorcio en su relación con el fondo. Se renuncia al uso de la perspectiva clásica, al claroscuro y al modelado de los volúmenes y el carácter sintético (casi esquemático) de las formas de los objetos, buscan en su simplificación la máxima intensidad emocional y lectura. No existe una gran preocupación técnica y de perfección en las obras, su objetivo era dar vida a los impulsos y traducirlos como sensaciones y sentimientos en su forma más elemental.
En esta primera vanguardia artística del siglo XX, el recurso obsesivo  en el uso de los colores  sobre una imagen formalmente reconocible, provocó un nuevo discurso y lenguaje, donde su estética nos habla de emociones, sentimientos y belleza como nunca antes lo había hecho en la historia del arte.
Hasta la próxima entrega
Amaury Suárez.
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